MONICIONES PARA EL DOMINGO MUNDIAL DE LAS MISIONES

MONICIÓN DE ENTRADA

Buenas noches, (días, tarde) Hoy estamos recordando y celebrando la vocación misionera de la Iglesia. Le pediremos al Señor que nos ayude a vivirla plenamente. Hemos de realizar hoy la tarea evangelizadora, primeramente por el anuncio directo del Evangelio con todos los medios a nuestro alcance: palabra (evangelización, homilía, catequesis), liturgia, medios de comunicación social (prensa, radio, televisión, Internet), literatura, arte, fiesta y convivencia. En un segundo lugar, el anuncio y la palabra han de ir acompañados con el testimonio de la vida y de los signos, es decir, con el compromiso de los cristianos por la promoción humana desde su dignidad de persona a su condición de hijos de Dios y hermanos de los demás. Pónganse de pie para que empecemos esta liturgia.

MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA

El profeta Isaías está convencido de que está a punto de llegar la justicia y la salvación de Dios. Por esta razón invita al pueblo a la acción, practicando el derecho y la justicia: “Velen por los derechos de los demás. Practiquen la justicia.

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA

San Pablo exhorta a su amigo Timoteo y a la comunidad a que se hagan oraciones no sólo por sus propios miembros, sino por todos los hombres y por la sociedad en general. Debemos pedir por todos los hombres, reconociendo que el plan de Dios es un plan de salvación universal. Escuchemos la recomendación del Apóstol.

MONICIÓN A LA TERCERA LECTURA

La primera misión era anunciar que el Reino de los cielos está cerca. La nueva misión consiste en hacer discípulos del Señor en todos los pueblos de la tierra. Presten atención a este mensaje que nos presenta san Mateo.

EXHORTACIÓN FINAL

Señor Jesús,
que has prometido permanecer entre nosotros
si nos amamos como Tú nos amas,

Te rogamos lleves a buen término
-por los caminos de la paz,
de la justicia y del perdón
a esta humanidad lacerada de guerras,
violencia y hambrienta de fraternidad.

Da fortaleza a los misioneros
que están llevando la antorcha de la fe
y haz que, siguiendo los pasos de San Francisco Javier,
sean testigos valientes del Evangelio,

Infunde en muchos jóvenes la ilusión de seguirte por
el camino de la vocación al laicado,
a la vida consagrada y a la vida sacerdotal.

Te lo pedimos en unión con María,
Reina de las Misiones
y Estrella de la Nueva Evangelización. Amén.